En 2022, la noticia recorrió el país. El primer minisatélite argentino, nacido de un proyecto escolar en Mar del Plata, fue lanzado al espacio desde Cabo Cañaveral. ¿Cómo evolucionó aquel proyecto?
Por Natalia Prieto
En enero de 2022, el primer picosatélite de comunicaciones argentino, llamado General San Martín, fue lanzado con éxito desde el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, en Estados Unidos. Su misión era brindar acceso a internet a productores de la zona rural y la cumplió. Todo surgió de un trabajo escolar y se transformó en un emprendimiento que hoy busca proyectarse profesionalmente.
La aventura espacial había comenzado en 2019, en la Escuela Técnica N°5, con un trabajo práctico realizado bajo la premisa “proveer tecnología espacial a muy bajo costo con aplicaciones varias”, que devino en la generación del primer picosatélite del país.
Por definición, es un satélite diminuto que cabe en la palma de la mano (10x5x5 centímetros) y pesa unos 500 gramos.
Junto con parte del mismo grupo de estudiantes que lo crearon, el profesor Alejandro Cordero decidió ampliar el horizonte, fundando “Innova Space”. Con el apoyo de la aceleradora Neutrón, lograron lanzar al espacio “dos picosatélites y después cuatro nanosatélites, que son un poco más grandes”, detalló el docente.
También forman parte de “Innova Space” Francisco Cordero, Alejandro Cordero, Ignacio Pintos, Elyka Abello y Luca Uriarte.
Todos los lanzamientos se hicieron bajo la modalidad amateur, es decir, sin percibir dinero.
“Desde el primer lanzamiento hasta el último –contó Cordero–, hicimos validación de tecnología. Empezamos a ver cómo era esto de lanzar, hacer la calificación para que SpaceX reciba nuestros satélites, qué debíamos hacer y cómo hacerlo, además de fabricar el satélite y que funcione”. Esa fue la primera etapa del proyecto, realizada entre 2019 y 2021.
En Innova Space generaron tanto pico como nanosatélites. “Uno tiene una estructura más grande y el otro es más pequeño”, describió Cordero.
Todo ese aprendizaje devino en “una etapa más madura. Aprendimos lo que se necesitaba y, con el primer lanzamiento, obtuvimos tanta data que pudimos avanzar sobre una tecnología más económica para lanzar, más razonable, más fácil de fabricar. Por eso, pasamos de pico satélite a nanosatélite“, contó.
El profesor Alejandro Cordero en la cuenta regresiva del picosatélite General San Martín, proyecto que nació de una experiencia escolar.
“Con la fabricación de los satélites –añadió– fuimos evolucionando año a año y, por eso, logramos lanzar de a dos. Evolucionamos tanto en tecnología como en software y logramos lanzar seis en total“.
Eso los caracterizó como “la única empresa en todo el mundo en lanzar seis satélites en menos de tres años, con una inversión menor a los 800 mil dólares“, detalló con orgullo Cordero.
Y se entusiasma con el futuro al relatar que “los creadores del satélite argentino ‘Atenea’, que estuvo en la nave Artemis, pasaron las mismas penurias que nosotros. Para armar el satélite, hay que tener en claro qué se necesita para validarlo. Primero, hay que pedir permisos de comunicaciones, que son internacionales, y una vez superada esa etapa, hay que validar la estructura mecánica, ya que está rigurosamente atado a ciertas características”.
En ese sentido, Cordero explicó que “la calificación se hace en tierra”. En el país se puede realizar en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), el Invap o la Universidad Nacional de La Plata, entre otros.
Innova Space pasó por todas esas instancias denominadas “homologaciones”, presentó los papeles y “de ahí en más lanzamos como corresponde, porque los lanzamientos son muy rigurosos“.
Con esa experiencia, Cordero reconoció que “el último fue el mejor” y contó que, como parte de la preparación, “estuvimos en muchos lugares de Latinoamérica repartiendo nodos, una especie de antenitas de bajo costo que colocamos en el suelo para ver si recibía al satélite”.
Tanto en Brasil como en Paraguay, Chile y “en muchos lugares de Argentina, como Ushuaia, Córdoba y Misiones, tuvimos todas experiencias positivas. Por ejemplo, en una escuela de Paraguay armaron antenitas con 10 mil pesos argentinos y se comunicaron con el satélite gracias al aporte de la Agencia Satelital de Paraguay, lo que para nosotros fue un orgullo“.
El picosatélite argentino fue lanzado con éxito el 13 de enero de 2022 a las 12.25 desde Cabo Cañaveral, EE.UU., a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX.
Cada satélite tiene una vida útil que varía de acuerdo “al peso y la propulsión, aunque comúnmente no tienen propulsión los de este tamaño”. Pasado ese tiempo, “van cayendo en espiral cuando cumplieron su ciclo hasta que se hacen cenizas, reintegrándose así a la tierra. Eso está todo calculado”.
“De los que lanzamos –resaltó–, el que más perduró llegó al año y medio. Nos sirvió para obtener la comprobación de la tecnología, pero fueron lanzados en forma amateur, sin lucro, porque el permiso era solo para eso”.
“Tenés que calificar para poder lanzar los satélites y que funcione de acuerdo a los estándares que te dieron para armarlo, con los materiales permitidos. Para comercializarlos, hay que sacar licencias especiales“, detalló Cordero.
Los seis lanzamientos de Innova Space figuran en un libro de la NASA, que se publica una vez por año.
Cada uno de los satélites son soluciones enfocadas en distintas áreas, ya sean navales o rurales. “Sirven para que en un campo puedan medir qué pasa en un silo bolsa”, ejemplificó Cordero, ya que apuntan a la utilización “en lugares donde generalmente no hay comunicación. Nosotros llevamos ese pequeño dato a un satelite y de ahí cae a la app y le avisan a quien compra el servicio”.
“Es como un mensaje de texto o de X –añadió–. Eso es recibido por el satélite y lo tira a la tierra y nosotros lo tomamos en la Estación Terrena, que lo coloca en la web”.
De este modo, se puede adaptar, entre otras, a aplicaciones marítimas, ambientales, mineras, petroleras y agrícolas.
“Básicamente, llegamos donde no hay comunicación a bajo costo. Hoy llega Starlinkm, pero a un costo mucho más alto”, destacó el CEO de Innova Space.
Más allá de la búsqueda de fondos, Cordero es optimista. “Ya comprobamos que Innova Space puede hacer las cosas como las piden para los lanzamientos –señaló–. Lo comprobamos de manera amateur, ahora estamos en la etapa de comercialización“.
Así, encararon la etapa de financiamiento con los objetivos bien claros: “Necesitamos en total 4 millones de dólares para seguir con la primera etapa, para lanzar satélites, para brindar el servicio y que la empresa sea rentable“.
Asimismo, agradeció a la aceleradora Neutrón. “Si no hubiésemos estado apalancados por Neutrón, ni siquiera hubiésemos podido empezar”, resaltó.
De hecho, el año pasado ganaron un concurso internacional en Emiratos Árabes. “Buscaban valores que generen tecnología espacial –contó– para sumar a la tecnología aeroespacial del Instituto de Innovación Tecnológica. El otro ganador fue un equipo de Estados Unidos. Fuimos todo el equipo y estuvimos trabajando con ellos”.
Así como el Artemis llevó satélites creados en universidades nacionales, quizás la próxima misión espacial traslade alguno generado en Mar del Plata por los integrantes de Innova Space.